Niños Indigo

El término niños índigo es utilizado en el contexto de la llamada “Corriente de la Nueva Era” para referirse a aquellos niños que supuestamente representarían un estado superior de la evolución humana. Quienes defienden esta hipótesis señalan dicha evolución como un avance espiritual, ético y mental, sin atender a la definición que diera el científico Charles Darwin  (mutación y selección por supervivencia del más apto).

Fuera de la New Age, este fenómeno es considerado un mito que carece de evidencia científica aceptable. La creencia en la existencia de niños índigo se asocia habitualmente a reacciones paternales que surgen frente a la pedagogía y psiquiatría modernas.

 Según los seguidores del movimiento “Nueva Era”, los niños índigo poseen características  tales como una mayor intuición, espontaneidad, rechazo a una moralidad estricta y una gran imaginación, añadiéndose frecuentemente también a tales capacidades ciertos dones paranormales, o poderes sobrenaturales como la telequinesis, la clarividencia, o  la  piroquinesis.

También se afirma que estos niños poseen un fuerte sentimiento para generar una diferencia significativa en el mundo, y se encuentran naturalmente inclinados a temas relacionados con la espiritualidad, el ocultismo y el esoterismo. Sin embargo estas afirmaciones quedan en el plano de lo hipotético, debido a que no ha sido posible corroborarlo por el método científico. Aun así existen personas que poseen amplios conocimientos esotéricos y dicen haber trabajado con niños de aura azul (índigos), asegurando que sus características son reales y existen variaciones de estas entre un niño y otro.

La posibilidad de la existencia de “niños índigo” no es hoy aceptada por la pedagogía, la psiquiatría ni la psicología, dado que no se ha podido demostrar su existencia de modo concluyente. Expertos psiquiatras afirman que la New Age, debería producir evidencia empírica acerca de lo que sería la existencia de este tipo de niños.

El psiquiatra especialista en niños Ruseell Barckley, sostiene que los diecisiete rasgos más comúnmente atribuidos a los niños índigo, son tan vagos que “podrían describir a la mayoría de la gente la mayor parte del tiempo”, y refiere además que podríamos estar ante un fenómeno psicológico conocido como “Efecto Forer“. Se ha indicado también que etiquetar a un niño revoltoso como “índigo” podría retrasar el diagnóstico y el tratamiento que pudiera ayudarlo.


Algunos pedagogos y psiquiatras han señalado que la creciente ineptitud de los sistemas educativos para tratar la agresividad de algunos niños y niñas, podría haber forzado a algunos padres a estas teorías alternativas. Los padres de estos niños recibirían la atención y escucha que les serían negadas en las instituciones educativas y sanitarias.

De este modo, pedagogos y profesionales de la mente afirman que la existencia de los niños índigo se trataría en realidad de una reacción de “rebeldia” de los padres hacia sistemas educativos autoritarios que restringen las conductas expansivas del infante, que premian la pasividad y el conformismo, y que fustigan la creatividad.

Los más escépticos opinan que esta suerte de “superioridad” atribuida a los niños índigo es nociva para el desarrollo de los infantes hiperactivos, cuya necesidad más urgente es la de aprender a convivir con los demás, así como obtener atención y apoyo parentales y de su entorno. A esta variante de las supuestas propiedades de los niños índigo, algunos llegan a asimilarle componentes segregacionistas o discriminatorios.

Autora: Tamara Hermida

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